Saber grafología: un conocimiento profundo y exhaustivo, no mera adivinación

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Me he animado a escribir esta nota pensando en todos aquellos que quieren aprender grafología y que, generalmente, desconocen de qué trata en realidad esta ciencia, y cuál es el nivel de profundidad en el estudio de la misma. A menudo me solicitan cursos intensivos de grafología, bien por motivos de falta de tiempo o de falta de dinero por parte del alumno, pero la formación intensiva en esta materia es poco menos que imposible.

La grafología es una ciencia compleja y profunda. La mayoría de las escuelas invierten una media de dos años académicos para poder formar a profesionales grafólogos, pero esto no quita para que después haya que continuar la formación, a base de perfeccionamiento, prácticas con escrituras, o realizando alguna de las múltiples especialidades que ofrece esta disciplina (recursos humanos, pedagogía, escritura y dibujo infantil, tests proyectivos, pericia caligráfica, etc).

Además, la escritura manuscrita es un hecho dinámico, que está siempre en perpetuo cambio. Los modelos caligráficos cambian por generaciones, con la sociedad y con los tiempos, y hay que estar al tanto de las características gráficas de los mismos. También (por supuesto!!) cambia la escritura de toda persona, a medida que ésta va creciendo, madurando, y experimentando avatares vitales que dominan su temperamento, su voluntad, su inteligencia y su conducta, que dan giro a sus motivaciones en la vida, y que condicionan su estado de ánimo. Es por todo esto que la grafología requiere un estudio y una dedicación constantes, así como una incesante labor de investigación.

Muchas veces los grafólogos nos dedicamos a impartir talleres cortos, conferencias, charlas o entrevistas en televisión, que tan sólo nos permiten dar unas leves pinceladas para poder acercar al gran público nuestra ciencia. Pero es un error hacer creer a ese público que el conocimiento de la grafología se puede quedar ahí, y que con saber el significado de cuatro parámetros gráficos o letras sueltas, ya podemos realizar un estudio grafológico. También, muchas veces, los grafólogos tenemos que luchar contra el desconocimiento y la incredulidad que casi siempre despierta la materia a la que con pasión nos dedicamos, y enfrentarnos a los que la desprecian afirmándola como pseudociencia, y a aquellos otros que creen que podemos “adivinar” el carácter con sólo echar un vistazo al manuscrito. No se trata de quiromancia, ni tampoco de adivinación, sino una ciencia de observación, análisis y estudio profundo y pormenorizado del manuscrito, que requiere concentración, tiempo, dedicación y, sobre todo, profesionalidad. Podríamos comparar esta técnica con una auténtica labor detectivesca, en la que el grafólogo realiza una inmersión de conocimiento, de observación minuciosa, análisis y medición de numerosos parámetros en el manuscrito, con el fin de desentrañar su contenido psicológico. Se trata de un trabajo concienzudo y serio, que no se puede tomar ni valorar a la ligera.

El profesional grafólogo precisa, por tanto, de la formación adecuada y de la práctica necesaria para poder entrar en ejercicio. Quien hace un taller intensivo puede conocer la grafología, pero no sabe grafología. Quien realiza un informe grafológico a simple vista, sin dedicarle tiempo ni trabajo, está meramente especulando y proporcionando una información en exceso sesgada, con la falta de profesionalidad y de respeto para el cliente que esto conlleva. Pensemos cuán compleja es la personalidad de todo ser humano; pues así, tal cual, tan compleja es la grafología que la estudia. Rebajar su conocimiento y comprensión, sería como juzgar a una persona tan sólo describienro el color de sus ojos.

Sandra Mª Cerro – Grafóloga y perito calígrafo

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