¿Cómo es Javier Sierra? La grafología nos descubre su personalidad

Escribir a una grafóloga es algo así como desnudarse.

Aún así, correré el riesgo de despojarme de lo externo y mostrarte el alma, en esta aventura de papel.

(Javier Sierra, en una dedicatoria personal)

Y aquí comienza esta “aventura de papel” y tinta para este escritor, periodista, comunicador e investigador, que, entre sus numerosos logros, acaba de proclamarse ganador del prestigioso Premio Planeta, con su novela El fuego invisible, y ha conseguido ser el segundo escritor español contemporáneo más traducido en todo el mundo y el único en  situarse en el “top ten” de los libros más vendidos de los Estados Unidos, con su obra La cena secreta. Pero además de todo esto, y de todo lo que se puede descubrir en cualquier biografía o entrevista sobre su persona, Javier es una de esas “almas viejas”, que pasean por el mundo cargadas de sabiduría, persiguiendo sin descanso las huellas de los Tiempos, y regalando todo un legado de inquietudes acerca los enigmas de la Historia, por la Historia y para la Historia.

Nada sucede si antes no damos el permiso para que ocurra. Es un beneplácito que se otorga de forma voluntaria y que, si se concede, hace que “lo invisible” no tarde en irrumpir con fuerza en tu vida.

 

(El ángel perdido, Javier Sierra)

Javier Sierra

Decía García Lorca que hay almas que uno tiene ganas de asomarse a ellas como a una ventana llena de sol. Y eso es justamente lo que a uno le sucede cuando tiene el placer de leer uno, dos, tres,… libros de Javier, o cuando tiene el privilegio de acercarse a Javier Sierra. Así que cuando el grafólogo tiene ocasión -¡y muchas ganas!- de asomarse a unas cuantas páginas manuscritas de este escritor dispuesto a “mostrar el alma”, al placer y al privilegio se suma el reto con mayúsculas de desvelar la personalidad más íntima de este rastreador y escritor de los Misterios.

Javier Sierra autógrafo

Hay una frase que me encanta de la película “Bajo el sol de la Toscana”, que dice tienes que vivir esféricamente, en muchas direcciones; nunca pierdas tu entusiasmo infantil y, … todo saldrá como deseas. Y así es como vive Javier Sierra, esféricamente, como también podemos apreciar en su escritura, que arranca desde lo más ancestral del pasado para abarcar el futuro, y que se eleva hasta lo más alto de la cúpula del Universo, para después descender hacia los abismos de lo más terrenal, y todo ello sin perder nunca el centro.

El rasgo de su esfera vital que más poderosamente llama la atención es el arranque de la inicial de su firma, ese camino largo pero firme y de paso seguro, y que deja atrás todo un pasado de vivencias, encuentros, conocimientos e historias que marcan sobremanera al autor, y le ayudan a inflar ese globo de imaginación, creatividad, espiritualidad infinitas, en la parte superior de la “J” inicial, que le eleva y le lleva a creer, a crear y a volar.

Siempre tuve una pasión infantil por lo desconocido, por lo oculto, dada por el hecho de descubrir que había preguntas que no tenían respuesta ni por mis profesores, ni por mis padres, ni por el cura de la parroquia, y por aquellos temas tabú de los que no se podía hablar en casa.

Javier Sierra

Ese mismo “globo” que enmarca la destacable creatividad del autor, no sólo se acerca sino que además invade el territorio de lo escrito, donde justamente se ubica su Yo más social. Este detalle gráfico, de una gran singularidad, nos está hablando de expansión hacia los demás, de cercanía y de extrema confianza para dar y compartir todo el conocimiento y toda la creación derivada del mismo, perdiendo individualidad para generar una gran generosidad. Y esta generosidad es sincera, llana y clara. Javier es una persona transparente, que se muestra tal cual, al desnudo y sin antifaces, aún reservando sólo uno, un antifaz negro y misterioso, para su más sagrada intimidad. Él se da, y se ofrece de forma desinteresada mostrando una confianza casi extrema y dejándose confiar, pero reservando un rincón para su universo íntimo al que, por tratar de salvaguardar, en ocasiones pudiera llegar a parecer un tanto intrigante y ambiguo.

Su templado temperamento hace de él un ser social, tranquilo, que transmite sosiego. A pesar de que su actitud entusiasta y su espíritu aventurero pudieran hacer pensar que es un ser apasionado, no lo es, en absoluto. Javier Sierra sabe y tiende a medir muy bien sus espacios y sus tiempos, el momento y lugar adecuados para el suceso de un Destino, pero sin abalanzarse hacia él. Es un ejemplo de pensador metódico, muy reflexivo y prudente, que piensa mucho los pros y contras antes de emprender cualquier hazaña o proyecto, y no acomete nada basándose en la improvisación, sino en una muy bien marcada y programada pauta de actuación. Es, podría decirse, un planificador nato. A esto además se suma una extraordinaria perseverancia para aderezar esa ya mencionada paciencia. Él suele definirse como tozudo, por ser cualidad tópico de los de su ciudad natal, Teruel. Sí es bien cierto que, si no tozudo y cabezota, sí que es empecinado y muy tenaz, en el sentido de no zanjar nunca asuntos o proyectos a medias, y no parar hasta haberlos terminado, pese a los tropiezos o a las tormentas.

Y de buenas tormentas bien sabe aquel que fue capaz de subir al Monte Ararat, en Turquía, sin haber hecho montaña antes jamás en su vida, para documentar su novela El ángel perdido, y en busca del Arca de Noé.

Javier Sierra Monte Ararat

El éxito en la vida está en mantener los ojos de niño; que cuando mires un paisaje, aunque ya lo hayas visto cien veces antes, siempre descubras algo nuevo, porque eso es la constatación de que tú estás evolucionando, y de que tu visión mejora y no se ha estancado. En el momento en que nos aferramos a un dogma, nos hemos hecho viejos.

De esa mencionada templanza de carácter y ese admirable equilibro emocional, que combina a la perfección razón y sentimiento, hace honor tanto con respecto a sus actos como en relación a sus creencias, y también a sus afectos. Es generoso y extrovertido, pero prudente y comedido, sin pasar nunca el límite de su bien marcada disciplina. Esta especie de protocolo emocional autoimpuesto, tal vez sea una coraza para no parecer vulnerable y expuesto, sobre todo dentro de ese protegido mundo suyo, donde sólo a un selecto grupo de elegidos les está permitido penetrar, y donde, pese a todo el boato de su aparente autoafirmación, pudiera llegar a sentirse, en algunas ocasiones, un ser pequeño.

Autógrafo personal de Javier Sierra

Dedicatoria personal de Javier Sierra en su libro “El ángel perdido” (2011)

 

La escritura de Javier es la de un hombre con confianza y confiado. Con confianza en su propia valía, pese a las inseguridades que pueda encerrar en el baúl secreto de su mundo privado. Confiado porque, pese a las poderosas tirantas -esas cuerdas recias que pretenden tirar de él desde el pasado y, a su vez, le impulsan hacia el futuro como llamadas de reclamo -, él se mantiene en su centro, anclando el presente al puerto de la autoconfianza, siendo consciente de todo ello pero tranquilo, sabiendo que la esencia está en saborear cada paso y cada instante porque todo lo que sucede, sucede por algo, y es absurdo intentar abarcar un Destino con impaciencia.

Nada ocurre por azar. Y si alguna vez se suceden a tu alrededor acontecimientos misteriosos encadenados entre sí, como si algo o alguien los hubiera diseñado para ti, no lo dudes ni un minuto: ¡estúdialos! Si logras dar con su causa, habrás encontrado al Dios verdadero, sea éste lo que sea. Entenderás que Dios es una especie de super-ordenador, un “Programador”, y no el anciano barbudo que imaginabas. Ese día, además, habrás dado con la razón de tu existencia. ¿Qué mejor cosa podrías pedirle a la vida?

 (La dama azul, Javier Sierra)

La autoafirmación de esa ciega confianza en el poder personal y en el Destino, se manifiesta, como en ninguna otra parte, en una firma que es un aquí estoy yo en toda regla. Arrancando desde un pasado infinito, ancestral y cargado de contenido, que conforma un poderoso lastre de aprendizajes a lo largo de su vida, la rúbrica marca el camino a seguir, protegiendo este camino de vida con el “globo” de la creatividad y de la recreación infinita en un grandioso mundo de ideas y de musas danzarinas. A partir de la marca de ese sendero, el caminante ya puede continuar con paso firme, marcando huella, y sin separar en ningún caso el yo profesional (apellido) del yo personal (nombre), que sólo pueden caminar si viajan íntimamente unidos. Y es que esta unión singular de nombre y apellido en la firma es un rasgo característico de aquellas personalidades íntimamente vinculadas con su labor profesional, de aquellos que hacen de su trabajo su vocación, de aquellos que trabajan con pasión.

Si yo hubiera nacido en el siglo XII hubiera sido trovador.

Podría decirse que este contador de historias turolense tiene una mente hecha para las letras. Su sobrada inteligencia, que deja un valioso hueco al sentimiento, en medio de un paraíso dedicado a la razón pura y dura, es capaz de enlazar pensamientos de forma coherente y lógica, con prodigiosa estrategia y sagacidad, sin dejar ninguna puntada sin hilo. Su mente ágil e inquieta, pero de ejecución pausada cede un amplio lugar para la reflexión y para el regodeo en los pensamientos, hasta llegar incluso a un cierto punto de masoquismo mental, debido en muy gran parte a ese espíritu de responsabilidad y autoexigencia hacia un trabajo de calidad, tanto en la profesión como en la vida. No importa lo que se haga, ni cuánto se haga, mientras sea una labor bien hecha y puntillosamente rematada.

La transmisión de todo ese elaborado conocimiento se produce de una forma clara, razonada, que no deja apenas lugar a la duda, de forma generosa pero muy medida y prudente en cuanto a la expresión, sobre todo en cuanto a los sentimientos y a la entrega afectiva se refiere.

Javier Sierra

Me siento más cómodo comunicando en radio, porque ahí se produce un proceso alquímico, ya que el oyente puede poner imágenes a lo que yo transmito; pero aún me siento más mago cuando escribo, porque a esa palabra que parece materia muerta sobre el papel, es el lector el que le transforma en vida.

La máxima anterior traduce mejor que nada la forma en que Javier Sierra se entrega a su entorno, compartiendo sus ideas, pensamientos, inquietudes y sabiduría con la forma de un jardín secreto, escondido y maravilloso, que tiene una puerta entreabierta, por donde el que quiera, si lo desea, puede elegir o no entrar, para descubrir, después admirar, y, a partir de ahí, querer seguir buscando…

Racional, en el sentido más estricto de la palabra;

idealista, lo justo para aderezar el plato de una extraordinaria creatividad;

sentimental muy comedido, afectuoso pero sin permitirse ser apasionado;

de corazón palpitante, dador de confianza y, a su vez, confiado en sus valores y en el valor de su instante presente y su Destino;

reflexivo, amante del tiempo a su tiempo;

sencillo, de pisada discreta, aunque sabedor de que es capaz de ganar el pulso a todo aquello que se le ponga por delante;

tenaz buscador y contador de historias, con querencia a parecer intrigante;

protector férreo de sus valores más íntimos y familiares, y de su jardín privado de secretas conquistas vitales y espirituales, para el que sólo él posee llave;

pero si con una sola palabra tuviera que describir la personalidad de Javier Sierra, sería Serenidad.

 

Es en la palabra donde reside la fuerza creativa de nuestra civilización, y debemos cuidarla.

(Javier Sierra, en su discurso de recepción del Premio Planeta 2017)

 

Dejando la grafología aparte, si hay algo que siempre me ha gustado de Javier es que es de esas personas que sonríen con los ojos. Así que, agradeciéndole de corazón que se haya prestado a mostrarme el alma en sus manuscritos públicos y privados, espero que sus ojos sonrían al leer la crónica de esta aventura de papel.

¡Gracias, Javier, admirado!

 

Sandra Mª Cerro

Grafóloga y Perito calígrafo

www.sandracerro.com

 

Fuentes: manuscritos cedidos por Javier Sierra; citas, fotos y fotogramas de videos: www.javiersierra.com, “El ángel perdido”, “La dama azul”.

Artículo publicado en 2011 y revisado en 2017. Madrid. Todos los derechos reservados

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