Grafología: una “audición a ciegas” frente a los “halos” de la entrevista de selección

Ahora que están tan de moda los concursos de talentos resulta fácil comprobar en ellos cómo influyen los “halos” subjetivos, en el momento de la valoración y elección, al igual que sucede en la selección de candidatos en la empresa.

Se llama “halo” a ese flash intuitivo que sentimos siempre e inevitablemente los humanos entre nosotros, y que siempre resulta subjetivo porque nos proyecta en esa persona que tenemos en frente. Puede suceder por varias causas, entre ellas, que esa persona nos resulte simpática o nos caiga bien a golpe de vista, que sea de nuestro mismo pueblo, que presente un estilo afín a nosotros, que cuente alguna anécdota personal con la que nos sentimos identificados, y así un largo etcétera. Estos halos o impresiones subjetivas se consideran uno de los más importantes inconvenientes de la entrevista de selección.

Para los que con frecuencia me preguntan qué eficacia tiene la grafología y qué ventajas posee sobre otras pruebas de selección de personal, los halos siempre resultan un buen argumento defensivo, ya que la grafología los evita siempre al cien por cien.

¿Y esto por qué?

Pues porque la grafología es una prueba técnica y completamente objetiva. El candidato no tiene porqué estar presente, sino basta con una muestra adecuada de su escritura para realizar el estudio y valoración de su aptitud o no para el puesto que se requiere. De hecho, el grafólogo no tiene por qué conocer, ver, ni saber absolutamente nada del candidato; a veces ni siquiera conoce su currículo ni tiene idea de su trayectoria profesional. De este modo, nunca se verá influido por el candidato simpaticote, ni por el “original”, ni por el que tiene cuerpazo, ni por el que tiene sus mismos gustos musicales o literarios, ni por el que es del mismo pueblo o región, ni por el que su verborrea o correcto lenguaje no verbal sabe esconder con acierto los aspectos más oscuros de su personalidad.

Por analogía a los concursos de talentos musicales, el grafólogo tan sólo se limita a hacer una “audición a ciegas”, concentrándose sólo en lo que realmente debe valorar: la personalidad pura, dura y objetiva, sin ver más allá, y sin dejarse cegar por influencias subjetivas de cualquier otro calibre.

He ahí una de las ventajas más notables de la grafología como prueba de selección; aunque no es ni mucho menos la única.

Sandra Mª Cerro

Grafóloga y perito calígrafo

www.sandracerro.com

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